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En el Foro Lo que Ignoran del del Neón Tetra (su historia y más)

Por
Prof. Alfredo Tonina R.
Texto original
http://www.aaa.org.ar/articulos.php?articulo=articulos/tetra01.html

A nivel mundial un neón para los acuaristas es algo muy frecuente, sin embargo hay que reconocer que es un pez con clase. Hermoso, en verdad muy hermoso cuando lo vemos nadar en cardumen; de ejemplar comportamiento ante otras especies, el tetra neón reciproca con creces a su dueño cuando éste le ofrece alimentación variada y los cuidados que exige, con una coloración magnífica, buen carácter y una forma de reproducirse que no es fácil. Pero tampoco imposible para un acuarista iniciado, si sigue las reglas que ofrecemos en este artículo.

Su descubrimiento pudiera servir de tema para alguna telenovela.

Su clasificación es polémica. El neón no deja de sorprender. 

Tratemos de explicar al lector todas las expectativas creadas en estos párrafos iniciales.

Clasificación del Tetra Neón.

Descripción.

Los llamados neones por los aficionados (neón, nombre vulgar debido a su línea lateral luminiscente), se agrupan en el orden Cipriniformes, Familia: Characidae, género: Paracheirodon que agrupa tres especies: el Paracheirodon innesi (Myers, 1936), Paracheirodon axelrodi (Schultz, 1956) y Paracheyrodon simulans (Gery, 1963). Sus nombres comunes en español sucesivamente son: Tetra Neón, Tetra Cardenal y Falso Neón.

Cheirodon deriva de cheir (mano) y odonis (dientes) por la forma multicúspide de los dientes. Se trata de un género caracterizado por peces pequeños dotados de una gran fontanela en la cabeza. La boca posee dientes en una sola serie, arriba y abajo. Poseen una línea lateral incompleta.

En el caso del tetra cardenal (P. axelrodi), es muy similar en cantidad y número de rayos y escamas de la aleta dorsal, al Paracheirodon innesi, pero difiere en la estructura de los dientes y mandíbulas, siendo también diferente la cantidad de rayos de la aleta pectoral.

El hueso pre maxilar posee una sola hilera de cinco anchos dientes pentacúspides, siendo la cúspide central la más grande. El maxilar posee de 1 a 2 dientes tri-tetracúspides. El dentario con 4 o 5 grandes dientes pentacúspides y 2-3 pequeños dientes tri o monocúspides, siendo el número total de dientes del hueso dentario de 7-8.

El “cardenal” difiere anatómicamente del ¨neón¨ principalmente en la estructura y disposición de los dientes. Los dientes de Paracheirodon innesi son todos tricúspides (excepto los pequeños de la mandíbula inferior), angostos y con cúspide central más allá. Los del cardenal son anchos y con cinco cúspides.

La coloración del cardenal difiere de la del neón en que el rojo intenso de los lados se extiende, por delante más allá de las aletas pélvicas y de la cabeza, en tanto que en el neón la franja roja solo alcanza desde la raíz de la cola al medio del cuerpo.

En cuanto al tamaño, cabe apuntar como promedio Paracheirodon innesi alcanza 4 cm, Paracheirodon axeroldi: 5 cm y Paracheirodon simulans: 3,5 cm.

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Descubrimiento del Tetra Neón.
Su posterior Difusión.

Hoy en día las casas importadoras de peces para acuario, en Europa y en Norteamérica, se ven inundadas por listas de precios provenientes del mundo entero, en las que los exportadores les ofrecen su mercadería recolectada en la libre naturaleza u obtenida de criadores especializados. La atención de los pedidos requiere poco más de un día, facilitada por medio de los modernos reactores de cabinas presurizadas y acondicionados para carga viviente, que además, viaja en cajas isotérmicas. En casi todos los países los trámites aduaneros se han convertido en rutina diaria y se efectúan en pocos minutos.

Pero esto no siempre ha sido así. Aquellos pioneros que hace apenas 60 años penetraron en las selvas de los grandes laberintos fluviales de la Tierra; tras semanas y a veces, meses de fatigosos viajes; ya casi han quedado olvidados. Al igual que las empresas de aquéllos tiempos, que invertían considerables cantidades de dinero en expediciones y no pocas veces lo perdían. Muchas veces los ambiciosos proyectos se basaban únicamente en descripciones sumamente superficiales, encontradas en manuscritos científicos o en relatos de viajeros. Los peces se transportaban por vía marítima, acompañados de un criador que los alimentaba. Este mantenía la temperatura adecuada de los recipientes utilizando una vela o mechero, a falta de calentadores eléctricos; al tiempo que se ocupaba de la oxigenación y del cambio de agua.

Esta es la emocionante historia del descubrimiento del tetra neón y de los dos misteriosos hombres vinculados con la presencia de éste alrededor del globo: Monsieur Rabaut, cuyo rastro se perdió, y Herr Pietsch, que desapareció misteriosamente en las profundidades de la Amazonia.

El descubridor real del pez que nos ocupa fue el francés A. Rabaut, del que se conocen escasos detalles personales. Al poco tiempo de partir de Cayenne, posiblemente proveniente de una cárcel de la Guayana Francesa, conocemos su trayectoria aventurera por el Caribe para después permanecer algunos años en Venezuela cazando cocodrilos en el Orinoco y negociando con sus pieles.

Más tarde renació en él el antiguo sueño de los conquistadores españoles, que cuatrocientos años antes, habían buscado denodadamente El Dorado; y embarcó desde El Callao para emprender desde Lima, la travesía de los Andes a lomo de mulas en búsqueda de oro, diamantes y esmeraldas.

Fracasó en este intento al contraer la malaria y acabó ayudando a un cazador de mariposas en sus investigaciones; se convirtió en sospechoso de homicidio, al accidentarse éste investigador tiempo después, durante unas de sus excursiones científicas. Después pasó algún tiempo en remotas zonas de Colombia y Brasil, para terminar alojándose en casa de un paisano suyo, en Leticia, ciudad franca limítrofe en el triángulo formado por las fronteras de Brasil, Colombia y Perú, a orilla del río Amazonas.

Un día una mujer india le mostró una vasija de loza, dentro de la cual nadaban los primeros neones que jamás había visto un hombre blanco. Aun careciendo de conocimientos sobre la captura, traslado y venta de peces ornamentales; Rabaut se entusiasmó tanto por la novedad, que de inmediato comprendió su carácter de primicia mercantil. La india lo condujo al lugar de origen de esos preciosos pececillos.

Para la captura de estos, elaboró unas pequeñas nasas cortando el cuello de algunas botellas. Sin conocer los recipientes usuales para el transporte de peces vivos, su paisano le construyó unas pesadísimas cajas de caoba, impermeabilizándolas con brea. Estos cajones fueron llevados a hombros por jadeantes indios a través del monte.

Así, en el año 1935, Rabaut logra llevar por barco los primeros neones a Francia, donde dos jóvenes conocidos suyos se encargan de venderlos a precios exorbitantes en París. Algunos llegaron finalmente al acuarista William Innes, director de la revista “The Aquarium” en Filadelfia, quien los recibió muertos y los entrego al ictiólogo G. S. Meyers, el cual los identificó como nueva especie y publicó una descripción de ellos al año siguiente, dándoles el nombre científico de Hyphessobrycon innesi, en honor a su proveedor, que en realidad no hizo sino deshacerse del envío pues los cadáveres no le interesaban.

Sin embargo la procedencia de los peces permaneció oculta, tanto para la ciencia como para los comerciantes de peces, interesados en hacer negocio. Rabaut callaba o despistaba a los que insistían, desapareciendo para reaparecer a mediados de 1936, con una carga de varios miles de neones.

A pesar de toda la cautela para impedirlo, los alemanes consiguieron un par de ejemplares y en los primeros días de julio de 1936, enviaron seis neones en el dirigible ” Hindenburg” a Chicago, para el Shedd Aquarium. Dos de ellos sobrevivieron al transporte, causando gran admiración en los Estados Unidos. Mientras tanto en Hamburgo y en Bruselas ya se intentaba la reproducción, aunque sin el menor éxito.

Los norteamericanos resultaron ser los primeros en reaccionar, pues para el siguiente envío, ya habían conseguido retener la carga durante cuatro días en la aduana de Belém (Brasil), aduciendo que ellos tenían la licencia exclusiva para pescar en el distrito de Pará.

Rabaut no obstante tenía documentos peruanos que identificaban los peces como producto en tránsito y el Cónsul francés en Belem, consiguió por ello librarlos de la confiscación aduanera.

En septiembre de 1936 los alemanes en Hamburgo, estaban ya consientes que el origen de los misteriosos peces no podía ser de Venezuela, sino que había que buscarlos en la cuenca Amazónica. Suponiendo que los dos jóvenes vendedores en París, tampoco conocían su origen, el ictiólogo y apasionado acuariófilo alemán doctor Werner Ladiges, junto con dos comerciante de peces, decidieron mandar a su propio delegado en busca del lugar de origen.

El escogido fue el marinero alemán Hans Pietsch. Localizar un pececillo de cuatro centímetros en la inmensidad de la Amazonia, es como buscar una aguja en un pajar. Por las considerables cantidades que llegaban a París, el pez no podía ser muy escaso, pero su hábitat tenía que encontrarse apartado de las rutas más frecuentadas, ya que no había sido descubierto con anterioridad. No obstante tenía que estar en un lugar próximo a alguna ciudad amazónica o al menos, de fácil acceso para poder transportarlos masivamente a Francia.

Al mismo tiempo se ofrecían cantidades importantes de neones en Estados Unidos, procedentes de Francia o desviados a través de Alemania. Instantáneamente surgió un entusiasmo masivo por sus brillantes colores. Los americanos encargaron de inmediato a su apoderado en Brasil, a empeñarse a cualquier precio en la búsqueda del pececillo. Aquellos se habían limitado a insistir en sus contactos aduaneros, para crearles dificultades a Rabaut.

Las autoridades brasileñas siempre han sido muy severas en lo relativo a la explotación de especies, productos o recursos naturales de su región selvática. En el caso del neón, a pesar de su propia inquietud por conocer la procedencia de tan extraordinario y lucrativo pez, los brasileños se vieron con las manos atadas por tratarse obviamente, de una especie oriunda de Perú y con todas sus declaraciones aduaneras completamente legales, motivo por el cual el francés consigue llegar por tercera vez a Manaos, a comienzo de septiembre del mismo año, con un cargamento de diez mil neones destinados a Nueva York. Mientras tanto el alemán Pietsch, hacia sus maletas para Brasil, habiendo sido interrogado disimuladamente en Liverpool por un inglés, sobre los detalles del neón y los pormenores de su viaje.

Simultáneamente sus financiadores hamburgueses avanzaban en sus averiguaciones, dirigiéndose a un alemán comerciante de peces, con sede en Manaos. Este solamente supo contestarles que Rabaut había permanecido en Iquitos, cuando a mediados de septiembre se oyeron rumores procedentes de Nueva York, diciendo que los peces provenían del río Caquetá, en Colombia.

Llegando su barco a la desembocadura del Amazonas en el Atlántico, a principios de octubre, Pietsch se entera por un camarero que un pasajero francés acompañado de una mujer, había viajado repetidas veces a bordo del vapor hacia los afluentes superiores del Amazonas, llevando luego inmensas cantidades de bellísimos pececillos a Europa. El aventurero alemán desembarca el 28 de octubre de 1936 en Manaos, ciudad que en ese entonces se encuentra en plena fiebre del oro.

Se aloja en el hotel “Brasil” que había sido frecuentado por el francés, y la mujer, informándose que precisamente poco tiempo atrás, éste había venido de paso, procedente de Leticia, continuando viaje hacia Belem.

Igualmente el encargado americano, habiéndose enterado del paso del alemán por Belem, había optado por dirigirse hacia Manaos, partiendo poco antes que Pietsch para anticiparse a investigar personalmente, la situación del lugar de captura. A causa de las informaciones proporcionadas durante una escala en Santarém, desvía su trayectoria poco antes de llegar a Manaos, para internarse en el rio Madeira. Pietsch se retrasa hasta el 12 de noviembre para tomar el buque “Distrito Federal”, con destino a Iquitos, pensando buscar directamente allí en el río Nanay o bien continuar rumbo al rio Ucayali, pues según las indicaciones del camarero, allí había estado Rabaut últimamente.

Entre tanto le llega la noticia que el americano, contrincante suyo en la búsqueda, se había quedado atascado con su embarcación en el río Madeira por falta de caudal. A los tres meses, favorecido por la crecida de la época de lluvias lograría llegar a Porto Velho, totalmente desorientado y, prácticamente, fuera del juego.

El alemán en cambio, llega el 1 de Diciembre a Iquitos a bordo del barco regular de la compañía “Amazona Steamship Navigation”. Pietsch aprovechó las frecuentes paradas del buque, para hacer todo tipo de averiguaciones a su paso por Tabatinga, Leticia y Ramón Castilla, donde se embarcó Rabaut la última vez, pero sin obtener demasiados informes.

En aquella época Iquitos carecía de red pública de agua potable y la corriente eléctrica se suministraba solamente de noche. En sus alrededores abundaba el paludismo y la fiebre amarilla. Pietsch en primer lugar gestiona una licencia de pesca, trámite que le resulta sumamente complicado, lento y caro. Luego, directamente desde Iquitos, sube la corriente del Itaya con dos acompañantes y sesenta latas en una canoa, pero de pronto se da cuenta que el noventa por ciento de todos los afluentes y acequias, están contaminados porque todos pescan utilizando veneno a pesar de su prohibición.

Pietsch investiga minuciosamente los alrededores de Iquitos en un radio de 40 kilómetros y muestrea también, aguas más alejadas llegando incluso hasta el rio Yanayacu, que nace en un pantano en aquel entonces inexplorado. Sin que lo sospechara el alemán, unos de sus ayudantes peruano, era a la vez coleccionista contratado del museo de Belem, donde comunicaba las actividades de su patrón temporal. Pietsch se da cuenta del espionaje el 29 de enero de 1937, cuando un pescador brasileño llega en busca del codiciado neón, conociendo muy bien desde el primer día los lugares que sería inútil buscarlo. Frustrado y enfermo, presa de las fiebres tropicales y viendo ridícula su costosa licencia de pesca, Pietsch decide abandonar Iquitos y desaparece de noche, en secreto, tomando una lancha para ahorrarse por lo menos la elevada tasa de salida.

De nuevo en Leticia, visita al carpintero francés paisano de Rabaut, el cual no le revela el lugar de captura por no traicionar a su compatriota, pero le confirma que el neón existe en la región y lo llaman bandeira columbiana, en alusión a sus colores. Leticia consta en el año 1937, de doscientas cincuenta chozas (cinco años antes dícese que eran solo seis) y es gobernada por tres generales: uno peruano, otro colombiano y un tercero brasileño. Pietsch se entera que el neón abunda en un lago en territorio peruano, a considerable distancia de la ciudad y que Rabaut tardaba cuatro meses para realizar un envío, pues el pececillo resultaba muy difícil de atrapar.

El alemán prepara una red para pesca nocturna y empieza a explorar todas las aguas de los alrededores, a ambos lados del Amazonas. En las inmediaciones de Ramón Castilla, el 22 de febrero de 1937, consigue al fin el anhelado éxito y encuentra enormes cantidades de neones, jóvenes de un cm de longitud, los cuales alimenta con yema de huevo cocido. En Brasil llega a Manaos con doce mil neones, donde se encuentra Rabaut que regresa a Norteamérica.

Este al ser informado sobre el acontecimiento, se dirige inmediatamente a conocer y a felicitar a Pietsch en su camarote del “Distrito Federal”. La noticia se difunde rápidamente por Belem, donde se enteran las autoridades brasileñas y el americano, al volver éste de su odisea por el río Madeira.

Al llegar Pietsch a Belem a principio de mayo, durante su búsqueda de alimento para los pececillos, le vierten el contenido de los contenedores. A su vuelta logra rescatar mil ochocientos neones, los cuales tras arduas discusiones con las autoridades aduaneras, lleva a Alemania sin más percances. El 26 de junio de 1937 llega de nuevo a Belem, esta vez acompañado de su ayudante traído de su país. Al mismo tiempo ya estaban el francés, el americano y 16 pescadores contratados por Brasil, poniendo manos a la obra en el lugar de origen del ansiado animal.

Para el año nuevo de 1938, Pietsch llega a Alemania llevando el siguiente cargamento de peces. Sus contratistas ofrecen mandarle en misión a la costa occidental de África, pero él prefiere regresar por cuenta propia a la Amazonia.

Poco después se reúne con otros dos aventureros para comprar una lancha con la que se dirigen rumbo al río Ucayali para buscar oro, descansando de día por el calor y navegando de noche. Pasados unos meses, regresa uno de los viajeros a Belem relatando lo ocurrido: había comprado aguardiente en un pueblo indígena y fueron bebiendo durante el viaje nocturno. Seriamente borrachos, se produjo una pelea a navajazos entre ellos. A la mañana siguiente había desaparecido el alemán, ¿Cayó Pietsch por la borda en la oscuridad o fue empujado? No se sabe y las aguas del Amazonas guardan el secreto.

El espíritu de comerciante realista, posibilitó pronto un acuerdo, consistente en que todos los pescadores enviaran sus neones a una empresa de Nueva York, la cual se encargaba de venderlos por todo el mundo. Se había creado un monopolio de tetras neón. La crema de los criadores de todos los países, se esmeraba en reproducirlos, pero sin éxito. En 1939 estalla la segunda guerra mundial y solamente en Estados Unidos, continuaban hasta cierto grado los esfuerzos acuarísticos.

En 1945 una empresa americana importadora de peces, alquila un avión bimotor DC-3 llamado ” Princess” y lo utiliza para sus finalidades, haciendo varias escalas para abastecimiento de combustible; el tiempo de vuelo entre el aeropuerto de “La Guardia” en Nueva York y el aeropuerto de Belem, era de sesenta horas.

Después de la guerra, se descubre también el misterio de la reproducción del neón; sus huevos se desarrollan en agua totalmente blanda y sin sales minerales, semejante al agua destilada. Hay pocos lugares donde exista ese tipo de agua. Los primeros éxito se lograron con agua de manantiales de Alemania Central. En aquella época todavía no se dominaba la composición artificial de las aguas.

A mediados de 1948 se desencadena una desconocida epidemia que ataca especialmente a los neones, igualmente en acuarios comunitarios o de crianza. El profesor Schäperclaus de la Universidad de Berlín identifica un parásito monocelular ubicado especialmente en los tejidos musculares, aunque también aparece en todo el resto del cuerpo, incluso en los ovarios de las hembras, y que recibe el nombre de Plistophora hyphessobryconis y ocasiona cuantiosas pérdidas, sobre todo en la crianza pues también los huevos son portadores de la enfermedad.

Esta dolencia sumamente contagiosa, persiste hoy en día, pero ya no se presenta con tanta frecuencia, pues ahora los neones se venden mejor adaptados.

Ya no son delicados, pues no provienen de su laguna original en las vecindades de Leticia, sino en otras aguas no tan exageradamente blandas, como en los alrededores de Manaos e Iquitos, donde han sido introducidos para su mejor aprovechamiento comercial.

En la actualidad, en Iquitos se capturan anualmente unos seis millones de tetra neón, representando esto tan solo el seis por ciento de las cifras de venta a nivel mundial (cerca de cien millones de peces), ya que el resto se produce en criaderos, de los cuales los más importante son los de Singapur y Hong Kong (aproximadamente 10 millones) y de otros centros de crianzas del Sudeste Asiático, donde la reproducción de peces ornamentales, se ha convertido en el sustento económico de cientos de familias.

Con el transcurso del tiempo, el neón vio modificado su nombre científico, pues Myers se había equivocado al clasificarlo bajo el género Hyphessobrycon (Durbin, 1908) y fue reubicado bajo el nombre genérico de Paracheirodon, introducido por Gery en 1960.

Para ese entonces, la constante búsqueda de nuevos peces para los acuarios, ya había ocasionado el descubrimiento del Tetra Cardenal, un pececillo muy similar al neón, que se encuentra en una gran área que abarca desde el rio Orinoco en Venezuela y algunas aguas de Colombia, hasta los ríos Negro y Vaupés en Brasil. El 20 de febrero de 1956 empleó el Dr. Leonard P. Schultz por primera vez, el nombre de Cheirodon axelroldi para designar al animal en honor al famoso ictiólogo norteamericano Herbert R. Axelrod, apareciendo en abril en la revista “Tropical Fish Hobbyst” con esa denominación. Tan solo un día después (21 de febrero) los doctores Myers y Weitzmann, en el Stanford Ichthyological Bulletin utilizaron el nombre de Hyphessobrycon cardinalis.

Hubo que recurrir a la International Commission on Zoological Nomenclature para que diese su fallo. El 29 de mayo de 1957 emitió su fallo 19 votos a 5, a favor del nombre Cheirodon axelroldi por su primicia en la publicación.

Este pez tuvo la misma cálida acogida en los círculos acuariófilos como su similar, librándose desde entonces una verdadera lucha entre ellos por estar a la cabeza de la cifra de ventas. Desde 1983 se implantó en el Brasil un tiempo de veda, de mayo a julio, para protegerlo durante la temporada de reproducción. Tal es el nivel de popularidad de estos peces que en muchos países se han emitido imágenes de neones y cardenales en las estampillas de correos.

En 1963 se descubre un segundo doble del tetra neón en el río Jufaris o Tupari y otros afluentes del río Negro en Brasil, dándole Gery el nombre de Hyphessobrycon simulans, a este falso neón.

Para completar el enredo, y para vengarse un poco por la derrota en la carrera para nominar al tetra cardenal, en 1983 Stanley H. Weitzmann, se reúne con otro científico americano William L. Fink y publican un estudio según el cual, los tres peces figuran en el género Paracheirodon, llamándoseles de allí en adelante: Paracheirodon innesi (Myers, 1936) al tetra neón, Paracheirodonn axelrodi (Schultz, 1956) al tetra cardenal y Paracheirodon simulans (Gery, 1963) al falso neón.

Para evitar malentendidos, haremos notar que, aun perteneciendo al mismo género no es posible cruzar estas especies entre sí. A pesar de su semejanza estos peces son parientes bastante lejanos, habiéndose comprobado anteriormente (por el científico Scheel), que P. innesi posee 16 cromosomas, P. axeroldi 26 y P. simulans 25.

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En su medio natural…

En su medio Natural siempre se les ve en grandes cardúmenes en las zonas sombreadas de los ríos, en las llamadas “aguas negras” denominadas así por su profunda coloración marrón, debida a la presencia de plantas muertas, similar a una infusión de té. Pero esta agua es sumamente clara y libre de materias en suspensión. Su contenido de ocho partes por millón de carbonato cálcico, indica una muy baja dureza.

La cantidad de cloruro de sodio es tan baja, que el agua puede considerarse destilada. Tenemos así agua libre de dureza y ácida (pH:5-6), llegando a veces a 4.2.

Son peces tranquilos, pacíficos y para reproducirse buscan lugares con abundante vegetación.

Los neones deberán en consecuencia mantenerse en acuarios con abundante vegetación, que filtra una parte de la iluminación y con acompañantes tranquilos. Es necesaria la presencia de cardúmenes de al menos siete ejemplares, no sólo por el hermoso efecto estético que se logra, sino también por la seguridad que proporciona a este animal la presencia de sus semejantes.

La temperatura idónea es de 20º a 26º C para el P. innesi y de 23º a 28º C para P. axelrodi y P. simulans. El pH: 6.5 a 7, kH inferior a 4.

Una dieta variada es conveniente para el neón, con énfasis en alimento vivo y congelado, de pequeño tamaño por lo diminuto de su boca; pudiendo alternarse de vez en vez con alimento seco previamente humedecido y fórmulas caseras como la pasta de Myron Gordon. De suministrar Tubifex es obligatorio trocear finamente los gusanillos, para evitar dificultades al pez por lo largo de ese alimento vivo.

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Reproducción.

Los neones una vez adaptados, pueden vivir en aguas mucho más duras e incluso en aguas alcalinas. Sin embargo, para poder intentar su reproducción debemos partir de ejemplares, que desde su nacimiento vivieron en aguas blandas y ácidas.

El único patrón válido para determinar las diferencias de sexo en las tres especies, es la característica de ser la hembra más robusta y redondeada que el macho.

La pecera seleccionada deberá tener de 10 a 15 litros de capacidad, siendo imprescindible lavarla y desinfectarla escrupulosamente. Es preferible no colocar arena en el fondo, debiendo utilizarse agua blanda de dureza no mayor de 2 a 4 kH, y una acidez ligera (pH: 5,8). En el caso del cardenal, frecuentemente es necesario bajar los valores de pH 5 a 5,5 y
kH 0.

Se ubicará una rejilla protectora de los huevos en el fondo del recipiente de puesta. La recomendación de no colocar arena se debe a que las larvas son muy transparentes y difíciles de ver cuando están en el fondo, durante los primeros días después del nacimiento. La temperatura del agua oscilará entre 23º a 25º C y será sumamente constante; una mayor temperatura no es conveniente. En cuanto a la altura, serán suficientes unos 12 cm.

Puede utilizarse una planta de hojas finas como Myriophyllum, barba de palmera o perlón verde, bien desinfectados con agua salada o una solución débil de vinagre.
Antes de colocar la pareja, deberá dejarse el líquido tres días en reposo, pero no más de ese lapso, pues el agua se contaminaría con bacterias.

Soltamos dentro una pareja que suele necesitar de dos a tres días para acostumbrarse al recipiente. Se aconseja oscurecer con papel oscuro o por lo menos limitar la claridad, iluminándose el acuario débilmente desde arriba de forma indirecta. Esa luz debe ser suficiente para observar los peces durante el desove. En este acto veremos a la pareja nadar flanco contra flanco con movimientos temblorosos. El número de huevos es de 2 a 10 por vez, cada 3 a 5 minutos, durante 2 a 3 horas, suministrándose en total unos 200 huevos.

Téngase la precaución de no dar nada de comer a la pareja (esta es la regla general que debe aplicarse a todos los peces caracínidos).

Al terminar el desove de estos peces y tan pronto, como hayamos comprobado con una pequeña linterna la presencia de los huevos, debemos sacar la pareja. Obscurecemos totalmente el acuario pues los huevecillos son fotosensibles, por lo que toda futura observación debe efectuarse con sumo cuidado de no iluminar mucho. Después de 24 horas nacen las larvas y después de 5 días nadan libremente. Es el momento de dejar entrar un poco de luz y empezar con la alimentación de nauplios de Artemia o pequeños Cyclops tamizados. Aplíquese una ligera aireación, bájese la temperatura a 22º C y llévese poco a poco la dureza hasta 8 dH, no más allá.

Los siguientes tres días son bastantes críticos porque los alevines son muy sensibles a la polución del agua. Lo anterior debe combatirse desde el mismo inicio del proceso, separando los huevos lechosos o los que flotan, utilizando para ello una pipeta. Los huevos en buenas condiciones irán siempre al fondo de la pecera. Debemos alimentar con frecuencia una vez nacidos y nadando libremente los alevines, pero manteniendo una higiene total. La formación de aguas turbias (infusorios), puede acabar con todas las crías. A pesar de su sensibilidad, los alevines soportan sin problemas pequeños cambios de agua y mínimas diferencias de temperatura.

Progresivamente entonces, vamos acostumbrando los nuevos neones a la luz, a un agua más normal y a otros alimentos, apareciendo la coloración en los pequeños, alrededor de los dos meses de edad.

Reproduccion

 

La Enfermedad del Tetra Neón.

Retomemos por último algunas reflexiones sobre Plistophora hyphessobryconis.

Los síntomas más característicos de la enfermedad son la interrupción de la franja azul de la librea de los peces, manchas de aspecto lechoso, inflexiones laterales (escoleosis) y trastornos del equilibrio, que obligan a los peces a nadar oblicuamente con la cabeza hacia arriba. En lugar de permanecer quietos durante la noche, a pocos cm del fondo; siguen dando vueltas incansables, separados totalmente de su cardumen. Existe una evidente reducción del peso.

La dolencia se contrae especialmente cuando el agua contiene demasiado calcio, sales minerales o metales y las condiciones higiénicas sean deficientes.

Por constituir los peces afectados una fuente potencial de infección, debe aislárselos en un acuario de cuarentena y allí intentar la curación.

Ángel Garvía recomienda tratar al animal con antiparasitarios comerciales o sustancias desinfectantes como la acriflavina (10 miligramos / litro) o el formol (baños de 10 minutos a una concentración de 1 cc / 10 litros). También se ha indicado azul de metileno, en fuertes concentraciones (3 gotas por litro de agua en solución al 5%).

Aprendiendo a Diferenciar El Tetra Cardenal, El Tetra Neón y el Falso Neón.

Aprender a diferenciaros no es algo muy complicado, si te fijas bien hay diferencias de coloración muy marcadas.

En el Tetra Cardenal (Paracheirodon axelrodi).

El rojo es mas intenso y esta en casi todo su parte inferior del cuerpo partiendo en la cabeza, tronco y pedúnculo caudal, la linea azul parte casi desde su boca hasta su aleta adiposa ubicada en la región dorsal.

Tetra Cardenal

 

En el Tetra Neón  (Paracheirodon innesi).

El rojo no es tan intenso y parte de la mitad del tronco hasta el pedúnculo caudal, en la cabeza y parte inicial del tronco el color es plateado, la linea azul también comienza casi en su boca y termina en la aleta adiposa ubicada en la región dorsal.

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El Falso Neón o Simulans  (Paracheirodon simulans)

El rojo no es intenso y parte en la mitad del tronco y llega hasta el pedúnculo caudal, la linea azul parte de la boca hasta la parte superior del pedúnculo caudal, es mas extensa que en el cardenal y el neón.

Falso Neon

 

En fin ojala les haya gustado y se hayan entretenido, les cuento que este texto lo encontré en mis múltiples gigas de documentos videos y archivos de acuarismo, lamentablemente no está, ni con alguna web de referencia, ni tengo el nombre de quien lo escribió o autor pero desde ya informo que no es de mi autoría.

 

 

“Artículo originalmente publicado en el foro por rafa”.

Categoría:   Peces

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